O se enfrenta al comunismo o se le abre la puerta: no hay espacio para la tibieza.

En momentos en que Bolivia enfrenta una de las amenazas más serias a sus libertades individuales, con un gobierno que intenta calcar el modelo cubano a través de reformas penales autoritarias, la ciudadanía necesita líderes con voz firme, principios inquebrantables y un compromiso claro con la democracia liberal. Lo que no necesita son políticos que se posicionan como opositores mientras negocian su permanencia con el régimen.
Manfred Reyes Villa, excandidato presidencial, exiliado político y actual aspirante nuevamente al poder, ha optado por una narrativa de “moderación” que roza peligrosamente la normalización del autoritarismo socialista. A pesar de haber sido víctima de la persecución judicial del régimen de Evo Morales, hoy mantiene un silencio estratégico frente al asalto sistemático contra la libertad de expresión, el intento de criminalizar la protesta como terrorismo, y la sumisión de la justicia a los intereses del poder.
Reyes Villa afirma que el presidente Arce debe gobernar hasta agosto, pero no debería volver a postularse. ¿Y qué hay del intento del propio Arce de consolidar un Código Penal que criminalice opiniones y protestas, que impulse la censura previa, que castigue con cárcel a quienes denuncien fraude o expresen su oposición en redes sociales? ¿Eso no merece condena pública? ¿No es esto más grave que la simple reelección?
Cuando el socialismo del siglo XXI se institucionaliza, cuando la justicia se convierte en un brazo del Ejecutivo, y cuando los medios comienzan a autocensurarse, el silencio deja de ser estrategia y se convierte en complicidad. Que un político opositor, ahora candidato presidencial, elija no confrontar con fuerza estas amenazas, solo puede explicarse por cálculos personales, pactos tácitos o miedo a correr la suerte de Camacho o Áñez.
Desde este medio libertario —el primero de su tipo en Bolivia—, afirmamos sin titubeos que la libertad no se negocia. No se coordina con quienes la destruyen. No se justifica la tibieza con el pretexto de la “gobernabilidad”. Gobernabilidad no es callar ante el avance del totalitarismo: es enfrentarlo con la verdad, con argumentos, con coraje.
Manfred Reyes Villa aún tiene la oportunidad de aclarar su postura: ¿defiende el modelo republicano, o simplemente busca navegar entre aguas revueltas para salvar su candidatura? ¿Está con los ciudadanos que exigen libertad y justicia, o con quienes prefieren hacer política desde la comodidad de la tolerancia oficialista?
La historia no recuerda a los que se acomodaron. Recuerda a quienes, en tiempos de oscuridad, no tuvieron miedo de encender la luz.
