Lo que el régimen quiso silenciar con Dunn, resurge ahora con Paz en segunda vuelta.

La elección del 17 de agosto de 2025 marcó un punto de inflexión en la política boliviana. Lo que parecía imposible —romper con décadas de dominio socialista disfrazado de oposición— se abrió paso con fuerza gracias al eco de las ideas de la libertad.
Jaime Dunn: la semilla que no pudieron silenciar
El único candidato auténticamente distinto al socialismo fue Jaime Dunn, quien representaba una opción real de cambio. Sin embargo, el régimen lo inhabilitó con maniobras legales y acusaciones falsas, incluso atribuyéndole una militancia inexistente en el MAS. La oposición tradicional, lejos de solidarizarse, repitió esas infamias y atacó con campañas de difamación.
Consciente de que recurrir a las cortes podía sentar un precedente para que Evo Morales intentara habilitarse nuevamente, Dunn optó por dar un paso al costado. Su decisión fue estratégica, ética y patriótica, colocando el interés nacional por encima de la ambición personal.
El oportunismo de la falsa oposición
Mientras Dunn actuaba con coherencia, los llamados líderes opositores quedaron expuestos en sus contradicciones. Samuel Doria Medina, vicepresidente de la Internacional Socialista, vistió su campaña con un falso conservadurismo. Jorge “Tuto” Quiroga, cómplice de Evo en el pasado, llegó incluso a casarse en plena campaña para aparentar valores que no defiende, y fue recordado por su insulto al presidente Donald Trump, a quien llamó “pendejo” antes de fingir felicitaciones tras su victoria en 2024.
Rodrigo Paz: continuidad para las ideas de la libertad
Tras la salida de Dunn, Rodrigo Paz se diferenció del resto al anunciar públicamente que implementaría el plan de gobierno libertario en caso de ser electo. Esa declaración marcó un antes y un después: el electorado comprendió que lo que estaba en juego no era un nombre, sino un rumbo de país.
Hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, Rodrigo nació en el exilio en 1967, estudió Economía y Relaciones Internacionales y obtuvo una maestría en Gestión Política en la American University. Fue alcalde de Tarija (2015-2020), senador desde 2020 y líder de la agrupación ciudadana Primero la Gente.
Su discurso —centrado en el libre mercado, la propiedad privada, la reducción de impuestos, el impulso al corredor bioceánico y la denuncia de la “tortura” que significa emprender en Bolivia— caló hondo en una ciudadanía harta de promesas vacías. A ello se sumó el esfuerzo del capitán Lara, convertido en candidato del pueblo gracias a su trabajo de base incansable.
Conclusión: ganó Bolivia, ganó la libertad
El 17 de agosto no ganaron las mentiras ni los disfraces de conservadurismo. Tampoco la política prebendal que mantiene vivo al statu quo. Samuel Doria Medina sigue siendo socialista en esencia. Tuto Quiroga no es más que un burócrata político al servicio de intereses ajenos a la libertad.
Lo que emergió fue la victoria de un plan de gobierno que nació con Jaime Dunn y que ahora promete continuidad con Rodrigo Paz. El reto de la segunda vuelta será que esa ruta no se diluya en la tibieza de alianzas de conveniencia, sino que se consolide como un camino de derecha auténtica, la única opción capaz de garantizar estabilidad y prosperidad para Bolivia.
